El mal siempre cree haber ganado cuando el alma duda. Sonríe ante el jaque, sabiendo que el miedo paraliza más que la derrota. Pero el silencio del ángel no es resignación: es conocimiento. Mientras exista una sola jugada, incluso en la penumbra, el alma no pertenece a nadie. La partida no termina cuando el demonio avanza, sino cuando el hombre decide rendirse.